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LA CONDUCCIÓN DEFENSIVA

Conducir vehículos es una actividad común en la vida moderna del hombre contemporáneo y por haberse convertido en algo habitual no es reconocida como de alto riesgo y complejidad para quién la desarrolla y su entorno.

El acostumbramiento hace que esta difícil tarea sea realizada prácticamente sin planificación previa y a partir una enorme cantidad de actos “reflejos”.

De todas maneras y aunque muchos no lo perciban, los conductores deben tomar un significativo número de decisiones en total soledad dentro de la cambiante dinámica del tránsito.

En la industria petrolera, por ejemplo, a las múltiples situaciones de la conducción se suman las condiciones operativas propias de la actividad.

El tránsito “es un sistema organizado y conformado por y para beneficio del hombre” y la responsabilidad que el conductor asume es indelegable. Por esto, es necesario que los conductores dispongan de amplios conocimientos, aptitudes, actitudes, destrezas, condiciones y técnicas para neutralizar y reducir los riesgos emergentes y lograr que el sistema alcance los objetivos.

Ante la imperiosa necesidad de transformar las actitudes y prácticas de los conductores, son imprescindibles los preceptos de la Conducción Defensiva que se fundamentan en tres factores primordiales:

   - Conciencia emotiva (inherente sólo a la persona)

   - Técnica (relacionado con las habilidades)

   - Legislación (aspectos organizativos del sistema)

La concientización acerca de actitudes de conducción segura es de vital importancia, pero no fácil de lograr.

Esto requiere de un proceso personal y subjetivo que se concreta en la interacción con los otros componentes del tránsito. Aspectos culturales y costumbres adquiridas socialmente, inciden en la toma de conciencia y determinan el proceso que desarrolla el conductor cuando interactúa con otros conductores, peatones, vehículo y con el ambiente (caminos, calles, etc.).

Las técnicas también son un factor importante de la Conducción Defensiva. Requieren de una práctica inicial que se consolida y fortalece frente al volante. La carencia de estas técnicas determina un alto número de accidentes en la ciudad, el campo o los yacimientos.

El conocimiento y acatamiento de la legislación vigente es una obligación, un deber ciudadano y una responsabilidad insoslayable al conducir cualquier tipo de vehículo. Tener ese conocimiento y aplicarlo, favorece a un mejor ordenamiento del tránsito.

Los tres factores que constituyen la Conducción Defensiva no deben desvincularse, ni tener preeminencia unos sobre los otros. Es importante desarrollar y orientar el aprendizaje de las técnicas sin dejar de lado la normativa vigente y los aspectos personales de conciencia.

Cada conductor es el responsable de lograr a través del autocontrol y autocrítica, el objetivo más trascendente: actuar razonablemente en cada circunstancia en que desarrolle la difícil tarea de conducir, para evitar todos los accidentes y la consecuencia más tremenda: la pérdida de vidas.

Es imprescindible que se comprenda que en la problemática del tránsito los espectadores no existen, sino que todos son protagonistas. A veces como conductores y otras como peatones.

La tarea de conducir es algo más que manejar. El objetivo principal de la Conducción Defensiva es lograr un cambio y ponerlo en práctica, para que la vida real del tránsito se convierta en una actividad segura, lícita, civilizada y placentera.

 

(Manual de Conducción Defensiva y Técnicas de Manejo | 9na edición)

 

 
 
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